PENSAR NO ES RENTABLE
En las lecturas acostumbradas de fin de semana encontramos esta perlita... la dejamos al gusto de los posibles interesados:
Tomado de: http://www.revistaarcadia.com/libros/entrada-blog/pensar-no-rentable/22281
Blog de libros
¿Qué tan rentables son las humanidades? ¿Qué tan lucrativo es un programa de filosofía? ¿Hasta donde las prácticas neoliberales en las universidades pueden asfixiar los programas de humanidades? Catalina Holguín recoge varios debates al respecto.
Por: Catalina Holguín
Hace unos días volvió a Bogotá una amiga que está haciendo un doctorado en Sociología en Inglaterra. Emocionada me habló del debate generado por unos paneles que organizó con unos compañeros de su universidad en Bristol bre las prácticas administrativas neoliberales en de las universidades públicas.
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Al poco tiempo hallé casualmente la siguiente noticia en OpenDemocracy, un portal inglés de acceso libre con análisis de noticias: la universidad pública de Middlesex va a cerrar el departamento de filosofía porque no es lucrativo.
“La decisión no debía ser convincente en términos académicos, profesionales o pedagógicos”, explica Sarah Amsler. “Era, como lo dijo el decano, ‘meramente financiera’. Siempre lo supimos, pero ya nos lo confirmaron: ninguna filosofía, sin importar qué tan buena sea, puede ser evaluada según los principios del mercado de Max Webber. Y en este mundo de realismo capitalista, nada que busque ofrecer un valor más allá del económico tiene un valor público reconocible. […] Quizás finalmente podremos darnos cuenta de que, por lo pronto, no hay quien escuche los argumentos sobre la importancia de humanizar la educación, sobre el poder de transformación de las ideas y la investigación, o sobre la necesidad de un aparato crítico en medio de un sistema social aterradoramente limitado. Esto no debería sorprendernos después de la larga marcha del capitalismo dentro de nuestras instituciones culturales. Pero nos mantenemos incrédulos”.
Hace más tiempo (principios de 2008), un columnista del New York Times, el académico Stanley Fish, se tomó dos largas columnas respondiendo a la pregunta de la utilidad de las humanidades. Los argumentos que expone son fantásticos y a la vez justifican plenamente a los neoliberales que buscan cuantificarlo todo. Pero, según Fish, el valor de las humanidades reside precisamente en que estas disciplinas no se dejan cuantificar: “La resistencia de las humanidades a reconocer o a postrarse ante un fin ajeno a sí mismas es, justamente, su salvación y su valor. Como lo dice Stacia en palabras más precisas que las mías, ‘el propósito de estas disciplinas no es el de ser herramientas para lograr algo más… ellas mismas son el logro’”.
Coincidentemente, o quizás a la luz de un problema que se está extendiendo a nivel mundial, la versión electrónica del New York Times abrió la sección “The Stone”, moderada por el filósofo y académico Simon Critchley. La sección inicia el debate sobre la filosofía preguntando qué es un filósofo y para qué sirve la filosofía: “El filósofo no muestra respeto por el rango y los privilegios heredados y poco le importa en qué cuna nació una persona. A un filósofo tampoco se le ocurre unirse a un club político o a una fiesta privada. Como concluye Sócrates, solo el cuerpo del filósofo reside dentro de la ciudad. Sus pensamientos, en cambio, están en otro lugar”. Un filósofo es en resumidas cuentas quien se toma tiempo para pensar.
Soy sensible a la discusión siendo estudiante graduada de literatura. Me afecta más la discusión pues he tenido que presenciar en mi trabajo en el Ministerio de Cultura discusiones sobre el presupuesto de la cultura. Sólo como “herramienta para el desarrollo” la cultura ha logrado presentarse bajo un atuendo más o menos digerible. Y aun así, cada peso que se va a cultura es un peso que le duele a Hacienda. (Ni hablar del lugar de la cultura en los planes de gobierno de nuestros candidatos, incluido el Verde.)
Si eso pasa en el Ministerio de Cultura, ¿qué está sucediendo en nuestras universidades públicas y privadas? Seguro ya hay un economista tratando de ponerle indicadores de gestión, índices de rentabilidad y quién sabe qué más medidas a un análisis literario o una digresión filosófica. Si en Middlesex las cartas de filósofos renombrados mundialmente y las marchas estudiantiles no lograron salvar un departamento, no quiero imaginar qué pasaría acá, donde ser literato sigue siendo un chiste de sobremesa o peor, el dolor de cabeza de padres de familia que, consternados, me preguntan si su hijo SÍ tendrá qué hacer cuando termine ESA carrera; una carrera, como ya me han dicho en otras sobremesas, que menos mal yo, que soy mujer, estudié. “Porque, dime, ¿cómo es que un literato mantiene a su mujer y a sus hijos?”
PD: Me gustaría saber qué barrios “bohemios” visitarán los economistas e ingenieros del futuro cuando viajen al exterior, qué cafetín existencialista o qué casa de qué Nobel fotografiarán. Porque claramente sólo muertos (y desplazados a barrios menos chic) valen los artistas, los literatos y los filósofos.
Comentarios y sugerencias: llena.cerebro.leer@gmail.com
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